“En realidad, la filosofía nunca me importó, pero ése no es un problema. Su pregunta es: ¿por qué me interesa tanto la política? Si pudiera responder de una forma muy sencilla, diría lo siguiente: ¿por qué no debería interesarme? Es decir, qué ceguera, qué sordera, qué densidad de ideología debería cargar para evitar el interés por lo que probablemente sea el tema más crucial de nuestra existencia, esto es, la sociedad en la que vivimos, las relaciones económicas dentro de las que funciona y el sistema de poder que define las maneras, lo permitido y lo prohibido de nuestra conducta. Después de todo, la esencia de nuestra vida consiste en el funcionamiento político de la sociedad en la que nos encontramos.”
Michel Foucault en La naturaleza humana: justicia versus poder. Un debate con Noam Chomsky
Tener un espacio en la web: un blog o bitácora, implica ciertos
riesgos. Y aunque afortunadamente no está en juego la integridad física,
si lo está la integridad ética y moral. Es bastante común encontrar
bloggers explícitamente apolíticos, que defienden argumentos y posturas
desde una supuesta neutralidad. Ingenuos. Cómplices de una lógica
perversa.
Martín Varsavsky es un blogger político, sus opiniones sobre la educación de elites, por ejemplo, evidencian una postura con la cual podemos estar de acuerdo o no, pero es una postura política evidente al fin.
Son lamentables aquellas opiniones (que no vale la pena mencionar)
que postulan su actitud, supuestamente, apolítica como un valor, sin
darse cuenta que la tienen y que lamentablemente no comprenden en su
real dimensión. Hasta los posts más triviales que comentan un encuentro,
un producto, un servicio, por ejemplo, son políticos.
Esta es una dimensión (¿casualmente?) poco valorada de los nuevos
medios de publicación. Tener un blog implica que nos tengamos que
cuestionar: que vamos a publicar, de que manera, en que momento, con que
sentido.
No es ninguna novedad pero vale la pena repetirlo: no existen los apolíticos.

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